dietas especificas :Blog de cocina sana y creativa

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Alimentos que limpian

Para resolver problemas de estreñimiento los alimentos laxantes son una gran ayuda, los medicamentos laxantes son muy efectivos pero tienen efectos secundarios y pueden causar dependencia.

Hortalizas y verduras
Las alcachofas contienen (9,4 g de fibra/100 g), las acelgas, son laxantes y diuréticos. Los espárragos, el 95% de su composición es agua por lo que son diuréticos y tienen un gran contenido en fibra.

Frutas
Las que contienen un mayor efecto laxante son las frutas del bosque, como las grosellas, frambuesas y moras (unos 6-7 g de fibra/100 g), las naranjas (8 g/100 g), las granadas y los kiwis (3 g/100 g). Son alimentos con abundante contenido en fibra.

Frutos secos
Entre los frutos secos destacamos las almendras, piñones, avellanas y nueces. Las frutas desecadas (orejones, ciruelas, uvas e higos secos) son los alimentos muy ricos en fibra. Un puñado de frutos secos, unos 25 gramos, aporta de 2,5 a 4 g de fibra. Deben comerse con moderación ya que las frutas desecadas contienen gran cantidad de azúcar y los frutos secos grasas.

Las ciruelas secas (16 g de fibra/100 g) destacan en este grupo, contienen sorbitol y derivados de la hifroxifenilxantina, sustancias que junto con la fibra ayudan a estimular la actividad de los músculos del colon, favoreciendo la evacuación y evitando los problemas de estreñimiento.

Complementos dietéticos
El salvado de trigo es rico en fibra insoluble, resulta eficaz para estimular los músculos intestinales. No se aconseja tomar más de 20-30 gramos al día.

La avena mezclada con yogurt o un vaso de leche puede resultar muy rica.

El glucomanano tiene la cualidad de absorber agua formando un gel espeso, que aumenta el volumen del contenido intestinal, lo que acelera los movimientos intestinales y corrige el estreñimiento.

Las semillas de lino también son un buen complemento dietético.

Fuente

Y que cada uno opine…

Si su idea de un gastrónomo es la de un sibarita mundano y frívolo obsesionado tan sólo con procurarse bocados deliciosos, olvídese. Carlo Petrini es un gastrónomo y le encanta comer bien, sí, pero también es la muestra viviente de que la cocina puede ser un arma política. En contraposición al infame fast food, este italiano elegante y lánguido fundó hace ya casi 20 años Slow Food, una incansable organización que trabaja, propone, defiende, ataca, publica y organiza. Todo ello, en contra de la estandarización del gusto y en reivindicación del extraordinario placer sensorial que se puede obtener de un buen cocido montañés, de un gazpacho preparado a la antigua usanza o de un queso artesano. Al fin y al cabo, Petrini considera que las tradiciones gastronómicas tienen la categoría de bienes culturales y que, como si de un cuadro o de una escultura se tratase, deben contar con la protección de los gobiernos.

Con casi 100.000 asociados en 107 países, la filosofía del movimiento puesto en marcha por este caballero se basa en la defensa del placer gastronómico y en la búsqueda de ritmos vitales más lentos y meditados. Pero no sólo por eso, Petrini -que se codea habitualmente con gente tan variopinta como Carlos de Inglaterra o la activista Vananda Shiva, así como cin ecologistas, economistas y académicos varios- se ha convertido en los últimos años en líder mundial de los campesinos al defender un modelo agrícola menos intensivo y más limpio que respete los conocimientos de las comunidades locales. Por eso la revista estadounidense Time le reconoció el año pasado como uno de los 100 héroes europeos de 2004.PREGUNTA.- Usted sostiene que preservar la cultura gastronómica de un país es tan importante como salvaguardar su patrimonio artístico o sus monumentos históricos. ¿Por qué?

respuesta: 

Nuestra dieta occidental moderna es el producto de la industrialización,
basada en muchos inventos, entre ellos la pasteurización, la esterili-
zación, la refrigeración, la congelación, el secado en rodillos y el secado
con aerosol. En la industria de los cereales de desayuno se emplean
rodillos rápidos de acero para moler granos, extrusión a altas tempera-
turas y presiones, fermentación rápida y aparatos para inflar los granos.
En fin, existe todo un arsenal industrial para procesar estos alimentos.
Ahora bien, hay que reconocer que todos estos inventos ofrecen mu-
chos beneficios. Contamos con cantidades enormes de alimentos rela-
tivamente baratos, sabrosos (algunos dirán que son demasiado sabrosos)
y razonablemente seguros. Han quedado atrás los dias de la comida
monótona, de carecer de alimentos y de los alimentos contaminados por insectos o bacterias. Lejos también están las deficiencias de vitaminas
que causaban escorbuto y pelagra. Hoy en día, los fabricantes de alimen-
tos trabajan arduamente para ofrecer productos irresistibles y seguros
que cumplen con las necesidades tanto de los gourmets como de los con-
sumidores preocupados por la salud.
Muchos de los nuevos alimentos todavía se basan en nuestros ce-
reales principales trigo, maiz, avena, pero el cereal original se muele
bien para así obtener harinas finas con partículas pequeñas que sirven
para confeccionar panes, pasteles, galletitas, galletas de sal, repostería,
cereales para el desayuno y alimentos para meriendas (refrigerios, ten-
tempiés), todos de gran calidad. Tanto los químicos que elaboran ce-
reales como los panaderos saben que con las harinas finas que tienen
partículas pequeñas se confeccionan productos más deliciosos que
duran más tiempo sin echarse a perder.

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hipoglucemia reactiva

Los síntomas que van unidos a una hipoglucemia reactiva tienen relación con el sistema nervioso y el cerebro, debido a que la glucosa es su sustento principal. Debilidad, fatiga, irritabilidad, nerviosismo, falta de concentración, sudoración, mareos, náuseas, temblores o ansiedad son algunas de sus manifestaciones. Todas estas sensaciones van remitiendo de forma espontánea o mejoran rápidamente si se toman alimentos ricos en carbohidratos.

La hipoglucemia puede producirse en cualquier momento del día, pero es muy común la matutina, es decir, durante la mañana, una de las causas de la cual suele ser haberse saltado la cena el día anterior o no haber incluido en la misma alimentos ricos en hidratos de carbono. Aunque después el desayuno a la mañana siguiente sea completo, son muchas las posibilidades de sufrir una bajada de azúcar a media mañana.

Para evitar la caída de azúcar en sangre, una de las primeras medidas que se debe adoptar es incluir carbohidratos en todas las comidas y realizar varias pequeñas al día, en lugar de las tres tradicionales. De esa forma se mantiene la glucosa en sangre estable, sin picos ni caídas.

Además de los consejos nutricionales, es necesario practicar ejercicio físico de forma regular para normalizar los niveles de glucosa.

hidratos de carbono

También llamados carbohidratos, glúcidos, azúcares, polisacáridos, etc., todos ellos son cadenas complejas formadas a base de unas unidades sencillas, los monosacáridos. De estos, los más conocidos son la glucosa y la fructosa que forman parte de prácticamente todos los alimentos de origen vegetal. Su importancia deriva de que constituyen la fuente inmediata de la energía que necesita el cuerpo. Durante el proceso de digestión, los carbohidratos son reducidos a glucosa que se absorbe por el tubo digestivo siendo llevada a la sangre para que esta la distribuya entre las células. Sin embargo, la glucosa tal cual no puede ser aprovechada por las células, sino que es necesaria la insulina, una hormona que es producida por el páncreas.

El organismo dispone de un mecanismo de control que detecta el momento en que empiezan a subir los niveles de glucosa en la sangre, comenzando entonces el páncreas a producir insulina. La insulina permite que las células de todo el cuerpo aprovechen la glucosa que les llega, retirando esta de la sangre. Cuando los niveles de glucosa en la sangre se han normalizado, el páncreas deja de producir insulina. Al transcurrir las horas, cuando las células han consumido su carga inicial de glucosa, comienzan a extraer más glucosa de la sangre. Pero enseguida, el organismo advierte de este fenómeno apareciendo la sensación de hambre.

Existen otros mecanismos para soslayar esta caída de los niveles de glucosa, pero no es necesario exponerlos aquí.

En los pacientes diabéticos, el páncreas no puede producir insulina, con lo que la glucosa procedente de la digestión de los alimentos se acumula en la sangre. Cuando esta llega a un límite, los riñones que normalmente impiden que la glucosa se marche en la orina mediante un mecanismo de reabsorción, dejan de hacerlo y el diabético elimina gran cantidad de glucosa -azúcar- en la orina, necesitando beber grandes cantidades de agua. Pero además, como la glucosa no es aprovechada adecuadamente por las células, el diabético suele mostrar cansancio, delgadez extrema, y apetito desmesurado. La delgadez se debe a que al no poder aprovechar la glucosa como fuente de energía, el diabético tiene que recurrir a otras fuentes, sobre todo las grasas y las proteínas. Afortunadamente, desde la década de los 30 del siglo XX los diabéticos pueden inyectarse insulina, lo que les convierte en personas “casi normales”